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Christianity Beyond Colonialism: EDS Statement on U.S. Military Intervention in Venezuela

January 9, 2026 Latest News
  • Read the Rev. Antonio Gallardo's reflection
  • Christians are called to build a just, peaceful, and sustainable world so that all can flourish.

    The people of Venezuela have suffered tremendously under the Maduro regime and the liberation many are celebrating, even in this tumultuous moment, should not be ignored or diminished. At the same time, we share the fear of EDS trustee and alum the Rev. Antonio Gallardo, bishop-elect of the Diocese of Los Angeles and proud Venezuelan, that “the Venezuelan people may have moved from one form of oppression to another.”

This fear is far from unwarranted, particularly considering the disastrous consequences of past United States invasions of oil-rich nations like Iraq and Libya. President Trump vowed that the U.S. will “run” Venezuela until a proper transition can take place; however, history shows that past “regime changes” orchestrated by the U.S. have frequently resulted in violence, political upheaval, and disastrous consequences lasting for years. They have not brought about democracy, lasting peace, or liberation.

The U.S. military action in Venezuela and the removal of President Nicolás Maduro and his wife Cilia Flores on January 3, 2026, challenged international law, violated the U.N. Charter, and was not authorized by U.S. Congress. The buildup of military presence in the Caribbean and the military operation in Venezuela have caused regional instability. The U.S. has also threatened to annex Canada, seize Greenland, and strike Cuba and Colombia as part of its territorial expansion. These actions are part of a National Security Strategy to establish the U.S. as the hegemon of the Western Hemisphere.

The attempt to control Venezuela’s oil continues the United States’ legacy of extractive capitalism and colonialism. This action, if left unchecked, will embolden other powerful countries to defy international law and exploit or harass economically and militarily vulnerable nations.

Shortly after Maduro was taken into U.S. custody, Dr. Jemar Tisby, who recently taught a course on White Christian Nationalism for EDS, wrote:

“If the United States is imagined as a Christian nation, then power is no longer constrained by law or consent. Using military force is reframed as a moral duty. Domination is recast as divine right.”

If we continue to allow the co-opting of our faith by those who use God’s name to further violent agendas—whether in the United States or in Venezuela—this occupation will be only the beginning. We must reject the historical Doctrine of Discovery and other religious claims that have justified colonialism, conquest, and territorial expansion in the Americas. The only path forward is postcolonial and polycentric: elevating those historically on the margins so that not only their needs, but also their dreams, can be heard, centered, and realized. We must continue to work for a more inclusive, diverse, and interdependent Communion and world. Living as a postcolonial church implores us always to honor and respect the rights of local people, including the Venezuelan people, to determine their own future.

We yearn for a free Venezuela where the government is of the people and serves the needs of the people—a nation where natural resources are stewarded safely to better the lives of all Venezuelans and our shared earth.

We yearn for a closer relationship with the Episcopal Church in Venezuela: for the ability to safely visit your land, and for you to safely visit and seek refuge in ours when needed. We yearn to uplift, visit, celebrate, and learn from your vital ministries that have operated under the threat of empire, because we believe such ministries reveal how we can be Christ in a world shadowed by fear and domination.

We echo The Episcopal Church in calling for accountability regarding the United States’ most recent unauthorized operation. We too urge all regional parties to support a peaceful transition that respects the rule of law and the will of the Venezuelan people.

Please join us and The Episcopal Church in praying for peace in Venezuela and for its people, churches, and faith communities—especially the Episcopal Diocese of Venezuela.

Dean Lydia Bucklin and Dr. Kwok Pui Lan

El Cristianismo mas allá del colonialismo: Comunicado de EDS acerca de la intervención militarizada en Venezuela

  • Lea la reflexión del Rev. Antonio Gallardo
  • Los cristianos estamos llamados a construir un mundo justo, pacífico y sostenible en donde todos podamos florecer.

    El pueblo de Venezuela ha sufrido tremendamente bajo el régimen del Presidente Maduro, así que la liberación que muchos están celebrando hoy, incluso en medio de este momento tumultuoso, no debe ser ignorada ni minimizada. Al mismo tiempo, compartimos el temor del Rev. Antonio Gallardo, miembro del la junta directiva de EDS, y obispo electo de la Diócesis de Los Ángeles, y un orgulloso venezolano, quien expresó su temor “de que la gente de Venezuela haya sido pasada de una forma de opresión a otra.”

Este temor no es sin fundamento, particularmente considerando las desastrosas consecuencias de las pasadas invasiones de Estados Unidos en países ricos en petróleo como lo son Irak y Libia. El presidente Trump prometió que los Estados Unidos va a “gobernar Venezuela mientras una apropiada transición puede tomar lugar; sin embargo, la historia nos demuestra “cambios de regímenes” pasados y orquestados por los Estados Unidos han resultado en violencia, agitación política, y consecuencias desastrosas que duraron por años. Esta práctica no ha traído democracia, ni paz, ni liberación.

La acción militarizada de Venezuela y la extracción del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores el 3 de Enero del 2026, desafina las leyes internacionales, violan los acuerdos de la Organización de las Naciones Unidas, y no fue ni siquiera autorizada por el Congreso de los Estados Unidos.

El aumento de la presencia militar en el Caribe y la operación militar en Venezuela han provocado inestabilidad regional. Estados Unidos también ha amenazado con anexionar el territorio de Canadá, apoderarse de Groenlandia y atacar Cuba y Colombia como parte de su expansión territorial. Estas acciones forman parte de una Estrategia de Seguridad Nacional para consolidar a Estados Unidos como la potencia hegemónica del hemisferio occidental.

El intento de controlar y apropiarse del petróleo de Venezuela perpetúa el legado del capitalismo extractivo y colonialismo de Estados Unidos. Si esta acción no se detiene, esto podría hacer que otros países poderosos también quieran desafiar el derecho internacional y explotar o acosar a naciones económicamente y militarmente vulnerables.

Justo después de la captura de Maduro en custodia de Estados Unidos, el Dr. Jemar Tisby, quien recientemente enseñó un curso sobre Cristianismo Nacionalista Blanco, escribió:

“Si los Estados Unidos se ve a si misma como una nación cristiana, entonces el poder ya no se encuentra imitado por la ley o el consentimiento. El uso de la fuerza militar es replanteado como una obligación moral. La dominación se convierte en un derecho dado por Dios.”

Si seguimos permitiendo que nuestra fe sea manipulada por quienes utilizan el nombre de Dios para promover agendas violentas, ya sea en Estados Unidos o en Venezuela, esta ocupación será solo el comienzo. Debemos rechazar la histórica Doctrina del Descubrimiento y otras justificaciones religiosas que han legitimado el colonialismo, la conquista y la expansión territorial en las Américas. El único camino a seguir es poscolonial y policéntrico: debemos dar voz a quienes históricamente han estado marginados para que no solo sus necesidades, sino también sus sueños, sean escuchados, tenidos en cuenta y se hagan realidad. Debemos seguir trabajando por una Comunión y un mundo más inclusivos, diversos e interdependientes. Vivir como una iglesia poscolonial nos exige honrar y respetar siempre el derecho de los pueblos, incluido el pueblo venezolano, a determinar su propio futuro.

Deseamos, profundamente, ver una Venezuela libre, donde el gobierno es el del pueblo, y que sirve a las necesidades del pueblo—una nación donde los recursos naturales son administrados con seguridad para mejorar las vida de todos los venezolanos y de nuestra tierra compartida.

Anhelamos una relación más estrecha con la Iglesia Episcopal en Venezuela: poder visitar su tierra con seguridad y que ustedes puedan visitar la nuestra y buscar refugio en ella cuando sea necesario. Anhelamos apoyar, visitar, celebrar y aprender de sus vitales ministerios que han operado bajo la amenaza del imperialismo, porque creemos que dichos ministerios revelan cómo podemos ser Cristo en un mundo ensombrecido por el miedo y la dominación.

Nos unimos a la Iglesia Episcopal en su llamado a la rendición de cuentas con respecto a la operación no autorizada más reciente de Estados Unidos. También instamos a todas las partes regionales a apoyar una transición pacífica que respete el estado de derecho y la voluntad del pueblo venezolano.

Les pedimos que nos unamos, a nosotros y a la Iglesia Episcopal, para orar por la paz en Venezuela y por su pueblo, sus iglesias y sus comunidades de fe, especialmente la Diócesis Episcopal de Venezuela.

Deán Lydia Bucklin y la Dra. Kwok Pui Lan

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